La decencia en política: los atributos de FREI
Víctor Barrueto
Ex-Presidente PPD
Todo candidato tiene cualidades y defectos. Llama la atención que no se destaque suficientemente lo que es, en mi opinión, el principal atributo de FREI: su honestidad, decencia y honradez, cosa no poca en estos días. Es cierto que FREI también es una persona auténtica y “seria” en el sentido de responsable, con gran capacidad de tomar decisiones, pero hoy me parece que lo más relevante sería lo señalado antes. ¿Por qué?
Porque hace tiempo que la política viene perdiendo su prestigio y legitimidad, convertida en un espectáculo lamentable de disputas de poder individuales o entre pequeños grupos, que no dejan nada a los sueños y utopías, con partidos anquilosados que no logran interpretar bien a nadie, salpicado todo por secuelas de corrupución y donde la máxima de que el “fin justifica los medios” se impone sin contrapesos. Por si fuera poco, se nos ofrece como grandes soluciones la “política-negocios” y la “política-espectáculo”, dos deformaciones de una auténtica política democrática.
En ese marco los atributos de FREI pueden y deben ser una gran reivindicación de la DECENCIA en política, cuestión a la que estoy seguro los ciudadanos le darían un gran valor.
Y no sólo eso. Un liderazgo con esos atributos puede convertirse en una pieza clave del rescate de la política y su reestructuración, dando más solidez a la idea de “puente” hacia el futuro que se asignó FREI.
En efecto, el esfuerzo de refundar la política contará por lo menos con cuatro ingredientes: la necesidad de reponer grandes proyectos que alguna vez movieron a la política, la reforma de las instituciones democráticas que han quedado añejas para representar bien la sociedad de hoy, el ingreso de las nuevas generaciones y un nuevo “amor” por las formas y las maneras de hacer las cosas en política.
Muy poco sacaríamos si ingresan las nuevas generaciones y estos líderes políticos más jóvenes conservan los mismos vicios de la práctica actual. No puede ser que todos trabajen ahora para si mismos: hay que apoyar a quienes conciban la política como un servicio a la comunidad más allá del partidismo.
El personalismo extremo de los dirigentes, reiterado en la práctica hasta volverse ya un vicio, al anteponer al interés general aquel que concierne a ellos mismos y a los grupos que lideran dentro de sus respectivos partidos, es un personalismo que raya en el narcisismo, de verdaderos “egópatas”, ha terminado instalando un canibalismo político que los ciudadanos observan con tanta sorpresa como desencanto.
Necesitamos que quienes se dedican a la política no pierden de vista el interés del país, no se dejen arrastrar por la búsqueda de la popularidad a cualquier precio, no acepten el relajamiento de las normas básicas de convivencia, y que entiendan que los métodos no son un detalle y que muchas veces “el camino es más importante que la meta”.
Los partidos a su vez, no pueden seguir degradándose. Cuando los partidos se degradan se degrada la democracia, por ello es indispensable oxigenar y hacer más transparente y competitivo su funcionamiento.
En fin, ¿qué es lo que más pena y desprestigia la política actual?
Que se impusiera finalmente la lógica “del poder por el poder”, donde queda el “poder desnudo” a los ojos del ciudadano, sin el ropaje que dan las ideas, los valores, la búsqueda del bien común y la vocación de servicio entre otros.
La mucho mayor transparencia de las sociedades modernas y de la democracia chilena, hace que todo esto se vea como en una vitrina ¡y se ve feo!. Por eso, que el rescate de la actividad pública pasa de manera insoslayable por una “subida” significativa de los estándares éticos. Estos deben ser más altos y FREI es sin duda un testimonio de vida que permite en esto inspirar y motivar para refundar las bases de la política chilena.
INDULTO Y REPÚBLICA
GOBIERNOS PROGRESISTAS EN CHILE. ENFRENTARON BIEN LA CRISIS ECONÓMICA GLOBAL
CASTELLS Y EL PODER INSURGENTE


























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