ANTONIO LEAL
Pauta de Intervención
Consejo Nacional del PPD
23 de Enero 2010
Leo en los medios electrónicos que los Presidentes de la DC y del PS han puesto finalmente sus cargos a disposición en sus partidos. Si esto se hubiera hecho cuando Pepe Auth lo propuso y tomo la decisión de anunciar su disponibilidad a renunciar el 13 de Diciembre es probable que hubiéramos disminuido la brecha de los 220 mil votos que nos separaron de Piñera ya que la ciudadanía lo hubiera leído como un gesto de autocrítica, de modestia, de apertura a un nuevo escenario. La no renuncia fue recibida como un nuevo gesto de arbitrariedad de líderes que ignoraban, completamente disociados de la realidad, toda vez que la elección la perdimos en la primera vuelta, lo que la ciudadanía exigía. Los gestos en política tienen valor cuando son oportunos y no cuando se tornan irrelevantes.
La derrota de la Concertación tiene causas múltiples, estructurales, de agotamiento de objetivos y de identidad, de incomprensiones del significado de un poderoso cambio de época en curso, pero sobretodo de profundos errores de autoritarismo, de ensimismamiento y autorefencia en la gestión de los partidos políticos hacia la ciudadanía.
Le impusimos a la sociedad un candidato sin respetar nuestros propios acuerdos anteriores de realizar primarias abiertas para que millones de concertacionistas y de gente progresista decidiera con que candidato enfrentar a la derecha.
En la imposición del candidato y en la renuncia a realizar primarias está el origen inmediato, el verdadero pecado capital, que nos llevó a la derrota. Los dirigentes de los partidos reemplazaron a la sociedad, impusieron un criterio erróneo, un método que negaba la propia historia de la Concertación. Por ello fue posible otras tres candidaturas de la Concertación que generaron la división y la dispersión del voto concertacionista.
Es cierto que Escalona y el PS tienen una alta cuota de responsabilidad en la ruptura concertacionista. Pero hay que hacer una autocrítica como PPD. No tuvimos la decisión y la fuerza de imponer las primarias. El PPD tenía la obligación de mirar con claridad que difícilmente Frei podría interpretar el anhelo de cambio presente en la sociedad y menos lo nuevo que surgía de la experiencia de Bachelet en el gobierno. Aquí hubo quienes pensaron que Frei, con el peso de haber sido ya Presidente, resguardando el equilibrio con el centro político, podría ganar la elección. Se equivocaron. La ciudadanía quería un cambio y este fue canalizado en primera vuelta por Enriquez Ominami y mas por Piñera que por nosotros en la segunda vuelta. En tiempos de Obama, cuando un hombre de color, con su radical historia, asume la Presidencia en EEUU era imposible no captar que el mundo se movía en sentido contrario a la oferta que nosotros le hacíamos a nuestros electores.
Subestimamos a Marco Enriquez Ominami que utilizó bien comunicacionalmente este giro de la política mundial y, sin decir nada nuevo, se subió a esta ola. Lo que era necesario captar en toda su profundidad, es que cuando en las sociedades se alcanzan estándares de mayor bienestar, en este caso creados por los propios gobiernos de la Concertación, lo temas metamodernos alcanzan un espacio relevante aunque no aparezcan en las encuestas en los primeros lugares de las preocupaciones ciudadanas.
Había que tener presente que los temas de los cambios en la política, en los sentimientos, en la subjetividad, que el peso de la consagración del respeto a la voluntad de los seres humanos, más allá de los dominios ideológicos, religiosos o de las razones de estado, pasan a ser cardinales. Obama ganó en EEUU porque construyó un sueño. Bachelet ganó porque le colocó a cada mujer chilena la banda presidencial sobre sus senos. Bachelet no podía traspasar votos a Frei en primera vuelta porque no construimos un sueño, no había épica, porque ofrecimos administrar con eficiencia la realidad y no enfrentamos los límites y los signos de envejecimiento de nuestra experiencia de 20 años de gobierno y, por ello, no ofrecimos discontinuidad allí donde hemos sido conservadores y esto es esencialmente en el tema de la política.
Puntamos al desarrollo económico y social y la gente quería , además, cambios en la política y en las instituciones, cambios de estilos, menos burocracia, un Estado mas transparente, mas oportunidades en el acceso al Estado, fin de las viejas prácticas de ocupación del Estado, protagonismo y ampliación de la democracia. El país quería una promesa de terminar con el éxodo de la ciudadanía que impuso la transición y la “democracia de los acuerdos”. No tuvimos en cuenta que el descrédito de la política y de los partidos requería de una propuesta de reforma de fondo. Nosotros emblematizamos la política, a través de la cual hemos perseguido las esperanzas y si no veamos como se desplazó a la dictadura con un plebiscito realizado dentro de la propia dictadura. La antipolítica es históricamente una característica de la derecha y no supimos sacar ventaja de esta superioridad de ética pública.
Pero también subestimamos a Piñera. Una parte del electorado de Piñera votó por él no porque apoyaran el neoliberalismo o porque repentinamente se vendieran al pinochetismo o al mercado. Votó porque le pareció más creíble la posibilidad de un cambio a través de un candidato de derecha que apareció en la campaña cada vez menos como de derecha.
No se captó la capacidad de este liderazgo mas liberal en las formas, de instalar una gigantesca operación de gatopardismo, de transformismo, para ocultar a la derecha dura, al pinochetismo y al neoliberalismo y hay que decir que en ello Piñera tuvo éxito, logró correr el cerco de la opción de la derecha hacia el centro, se compró las políticas sociales de Bachelet, abrazó temas progresistas como propios y con ello logró legitimar ante los ojos de millones de chilenos a la vieja y nueva derecha que está detrás de él. Esto ya había ocurrido en Francia donde Sarkosy dejó sin banderas a la opción socialista pues logró ocultar a la vieja derecha de Chirac y presentarse como algo nuevo en la política francesa.
Nuestra campaña, en primera vuelta, fue muy débil programáticamente, puramente de continuidad más que cambio y ,en esas condiciones, era muy difícil la transferencia Bachelet – Frei pues la popularidad de Bachelet es subjetiva, mucho pertenece a sus cualidades y al sello de cambio que ella ha establecido, a la forma como la jefa de Estado ha construido la credibilidad social de la cual goza y a logros sociales y de género que ya están y por ello había que diseñar el futuro, lo que va mas allá de Bachelet como relato, como modelo, para cautivar al electorado. La inteligencia emocional en la relación con la ciudadanía no se transfiere máxime cuando no hay épica en la propuesta y la propuesta misma es débil.
Alerto de no subestimar nuevamente a la derecha en el gobierno. Piñera pueda construir, a través del imperio de los medios de comunicación que lo apoyan, una adhesión popular semejante a la de Berlusconi en Italia. También allá la docta izquierda italiana subestimó a este fenómeno. Hay que tener presente que la TV crea sentido común y modelos de vida y que, en un país sin debate, sin filtros culturales, y con escasa capacidad de producción de pensamiento crítico como el nuestro, ello sirve a la larga a la creación de un sentimiento de derecha.
Pero también esta derrota se explica por los graves déficit y el tecnocratismo de las políticas de Hacienda para abordar políticas de equidad, de protección hacia los sectores medios tradicionales y por la falta de creación de oportunidades para los sectores medios emergentes.
Se debía abordar de manera creativa la eliminación del 7% en salud a los pensionados desde un cierto nivel hacia abajo, se debía reconocer la deuda histórica de los profesores y buscar una manera de pagarla, se debía haber impulsado y puesto recursos en una gran reforma a la educación pública, aprovechando la gigantesca y hermosa movilización de los pinguinos y al final, en vez de ello, terminamos levantando los brazos con la derecha para consensuar una reforma a la LOCE extremamente parcial y que no tocó los pilares de la discriminación existente en la educación chilena.
Desmovilizamos a los pinguinos, como antes a otros movimientos sociales, y se creó una enorme frustración que sumadas a otras frustraciones constituyen la base de la alta votación de Enriquez Ominami en primera vuelta y el motivo por el cual muchos chilenos no votaron en segunda vuelta.
En el telón de fondo tenemos una Concertación que se agotó, que no se ha renovado, que por largo tiempo ha vivido de la contradicción entre dictadura y democracia de la renta de sus gobiernos. del prestigio de este gobierno apoyado en las virtudes de la presidenta y en las realizaciones innegables especialmente en la agenda de género y de la protección social.
Si el único patrimonio de la Concertación fuera este, él puede desvanecerse en el tiempo ya que los acontecimientos de la sociedad comunicacional son muy veloces, todo se consume muy rápidamente, prima la cultura del efímero. Por ello se requiere reconstruir identidades fuertes que no logramos instalar, sobretodo en primera vuelta. porque no tuvimos un programa progresista creíble y aún cuando en segunda vuelta el cambio de rostros y de discurso, un programa progresista más sólido y un candidato mas comprometido, logró mover a nuestro favor un millón trescientos mil votos ello no fue suficiente para convencer a la mayoría de los chilenos.
No basta llamarse progresista, hay que construir una matriz cultural, un programa y estilos progresista de hacer política.
Hoy nos enfrentamos al desafío de refundar la Concertación y de unir, a partir de nuestra alianza de centro izquierda, a todo el progresismo a través de diversas modalidades. Mantener la alianza de centroizquierda pero ir mas allá son parte del desafío. Hay que crear una hegemonía cultural nueva que nos diferencie de la derecha y de los conservadores. La nueva Concertación debe contener espacios directos de la sociedad civil.
Sobre esto quiero ser muy claro. La alianza entre la izquierda y la DC es un patrimonio histórico del pueblo chileno. Sin ella no habríamos podido desplazar a la dictadura ni gobernar en beneficio del país y de los más pobres por 20 años. Esta es la alianza más exitosa de la historia de Chile. Repensarla, renovarla y ampliarla significa fortalecer el eje fundacional, la unidad con la DC y con el mundo católico popular a partir del propio programa de Frei de segunda vuelta que es lo mas progresista que la Concertación ha formulado al país en estos años sea en lo económico que en lo valórico.
Soy contrario al salto en el vacío o a una especie de reconcurso sobre quienes son los progresistas. Me opongo a la idea de la autosuficiencia de la izquierda y connoto que ya el país vivió este megarelato que nos llevó a la peor tragedia de nuestra historia como para que alguien en este Consejo reviva una propuesta que nada tiene de progresista sino, por el contrario, de profundamente excluyente y conservadora. Por ello, a partir de la unidad de la centroizquierda, debemos unir a todos los progresista que evidentemente hay mas allá de nosotros y configurar una alianza que nos permita hacer una oposición inteligente a la derecha, obligarlos a cumplir sus promesas por las cuales el electorado los eligió, defender los derechos y las conquistas construidas en estos 20 años de Concertación y levantar un programa progresista, con apoyo y movilización ciudadana, que sea el signo de nuestra oposición transformadora y el preámbulo para volver a dar confianza a los chilenos y a ganar las municipales del 2012 y la presidencial y parlamentaria del 2013.
No debemos ser contrarios a los acuerdos, y creo que nadie en su sano juicio puede establecer una política de negar la sal y el agua ya que ello implica ir contra los intereses del país que es lo que mas nos importa. Pero si soy contrario a revivir la política de los acuerdos que supuso dos elementos. Uno explícito y que fue tal vez correcto en el marco de las particularidades de nuestra transición – no conozco ninguna experiencia en el mundo en que el antiguo dictador sea el nuevo comandante en jefe del Ejército en la transición a la democracia – y que establece que se avanzaba solo en aquello que había acuerdo. Otro implícito y que consistía en desmovilizar al movimiento social y ciudadano. Ambos elementos son hoy inviables y, por el contrario, lo repito, lo que requerimos es una oposición reformadora con proyecto e ideas renovadoras.
Hoy cuando nuestros cuadros no estarán en el gobierno hay que volver con fuerza a la sociedad civil y construir una sociedad civil moderna que tenga protagonismo. Nos habituamos a paralizar a la sociedad civil. Ahora habrá que volver a recrear estos espacios, el debate en la sociedad, a reinstalar una nueva forma de hacer política si queremos construir una nueva mayoría frente a la derecha.
Esto implica redefinir el propio espacio del PPD. Si desde las flas del PS legítimamente mi amigo Osvaldo Andrade dice que este partido es de izquierda y no progresista, pues bien yo que me considero un hombre de izquierda planteo que el PPD debe ser la casa del progresismo y volver a su matriz fundacional, recuperar a sus intelectuales, incorporar dentro a la ciudadanía. Como dice Massimo D`Alema, uno de los autores de la gran reforma de la izquierda italiana, han fracasado los partidos “livianos”, sin estructura, sin inscritos, sin núcleos. Fracasó la teoría de que la ciudadanía se informa y participa a través de la Televisión. Hoy se requiere de un progresismo fuerte, en las ideas y en sus instrumentos
Pero no basta con llamarse progresistas. Progresismo es mucho más que ser partidarios del progreso. Hay que construir una matriz cultural progresista, estilos de hacer política progresistas, estructuras que convoquen a la gente que anhela el cambio en la sociedad.
Compañeras y compañeros.
La decencia en política: los atributos de FREI





























