Estim@dos amigos y amigas, transcurridas ya 24 horas de conocer el predecible resultado de las elecciones presidenciales de ayer, la Derecha tras 20 años llega al Gobierno por la vía democrática. Nuestro país se enfrenta al fin de un ciclo político. Estamos ante una coyuntura digna de análisis y por cierto, de mucha autocrítica de parte de actores políticos e institucionales. Tal vez no con la misma urgencia, también esperamos lo mismo de actores económicos y sociales. Junto con reflexionar sobre la suerte que nos espera la excesiva concentración de poder económico, de medios de comunicación y ahora del poder político, es razonable evaluar y analizar las causas del fin de este ciclo, donde la Concertación de Partidos por la Democracia baja el telón y ya debe estar inmersa en un profundo debate franco, sincero y necesario, donde entre otras lineas definiremos nuestro rol como oposición, exigiremos la renovación de dirigentes y mayor capacidad de los partidos políticos para entender e interpretar las transformaciones de la sociedad chilena, al menos de las dos décadas en que fuimos gobierno.
Por cierto, la idea del cambio que se impuso ayer no es sólo una consigna de campaña, sino también el anhelo de una mayoría y ahora, un ejercicio también válido para nosotros, por supuesto no con la misma orientación que inspiró al ganador. El sentido del debate interno de los partidos que se inició hoy, requiere una actitud mental y colectiva autocritica, de análisis al interior de las comunidades políticas y sociales a las que pertenecemos. Si una mayoría ciudadanía voto por el cambio (tenemos que precisar el verdadero alcance de esta expresión), fué una clara señal y reparo a una forma de gobernar (de estilo y prácticas de gestión) que terminaron desgatándose a pesar de la alta popularidad de la Presidenta Bachelet.
Algunos sostienen que el nuestro era un mal candidato, otros que no supimos procesar las señales del resultado de la 1º vuelta, y sacamos cuentas de que si el progresismo llevó tres candidatos, simplemente la suma de los tres nos dejaba por sobre el 50%, descontando a los desencantados, que obviamente subestimamos. Ojalá los procesos electorales sean un asunto de números de votos, refieren más que nada a procesos sociales y políticos muy complejos, con vectores estructurales y dimensiones subjetivas y cualitativas a partir de los cuales se visualizan algunas pistas y señales que nos servirán de lección a la reciente construcción democrática nacional.
También hay quienes sostienen que triunfó la tecnocracia que se incubó durante los 20 años de gobierno de Concertación (como cobijar a Expansiva), que nos llevó a un pragmatismo con capacidad de inhibir procesos políticos de más largo alcance, como la profundización de la democracia, los procesos de inclusión social, la promoción de ciudadanía activa y de partidos políticos más cercanos a la gente, progresistas, más sensibles a la agenda social y al nuevo rostro de los movimientos sociales; estudiantes, temporeras, consumidores, pueblo mapuche, clase media emergente y aspiracional, pequeñas y medianas empresas como principal fuente generadora de empleos. También hay ecos de demandas territoriales de mayor descentralización del Estado por parte de actores regionalistas, en fin un sin número de tendencias y fenómenos de estos tiempos que los actores políticos y el nivel central de Gobierno NO supimos considerar, tomar más en cuenta, sin embargo, se priorizó la agenda de protección social, política pública innovadora y de enorme importancia para sectores populares de bajos ingresos, pero por alguna razón no alcanzó el impacto de una reforma transformadora, de cambio efectivo, provista de significado, de un sello gubernamental propio que nos diferenciara del populismo de Derecha.
No obstante, la derecha ganó, no por meritos suficientes, mejores propuestas o menos aún por un candidato más atractivo, sino más bien por nuestros errores y omisiones. Nos faltó escuchar con más atención las demandas ciudadanas, con todo después de 20 años de democracia restringida, con enclaves en el sistema político (el binominal), el modelo de desarrollo económico neoliberal, administrado por un Estado centralista, más asistencial que subsidiario, constituyen ejes y tendencias que terminan favoreciendo la lógica del mercado que en su conjunto no generan resultados de Buen Gobierno y menos dan cuenta de un Estado fuerte y regulador. Sin duda este escenario favorecía más a la campaña de Frei.
La derrota electoral de ayer, entre otras fallas revela una crisis de la centro izquierda como proyecto político, que en gran medida obedece a la falta de renovación de sus dirigentes, quienes no mostraron voluntad política de promover una nueva generación de cuadros políticos con capacidad y habilidad para gobernar ante las nuevas circunstancias y complejidades que impone la globalización y sus fragiles mecanismos de gobernabilidad democrática.
Después de un largo ciclo la gente enganchó con la idea del cambio, aunque los logros sociales y la promoción de los derechos ciudadanos (protección social, participación, igualdad de oportunidades, votación automatica) que impulsa el actual Gobierno son valorados transversalmente por todos los sectores, la evaluación electoral de ayer dice otra cosa; también tiene que ver con más y mejores empleos, con seguridad pública, con participación ciudadana efectiva, calidad de la educación pública, descentralización y más poder a las regiones y municipios, todos temas locales que implican un Chile descentralizado con Gobiernos Locales más fuertes. En esto último la coalición gobernante en 20 años nunca mostró voluntad política para impulsar los cambios y reformas necesarias para descentralizar y proyectar así su gobernabilidad en el tiempo, a partir de sus propios logros y de la implementación de políticas públicas éxitosas como el AUGE y el Sistema de Protección Social, entre otras.
Ahora para garantizar gobernabilidad democrática, especialmente en el ámbitos regional y territorial, debemos ejercer como oposición crítica pero constructiva, exigiendo más actores en las mesas de negociación y elaborando propuestas de legitimidad ciudadana, con los ciudadanos, promoviendo acuerdos políticos e institucionales, a partir de nuestras convicciones, principios y valores que dieron origen a la Concertación de fines de los '80, pero renovada, participativa y esencialmente demcrática apartir de las propias organizaciones y partidos.
Este esfuerzo y proceso que iniciamos es un nuevo ciclo político, ante un Gobierno de Derecha que nos plantea desafíos mayores, nos exige firmeza y claridad en los objetivos. Pero, así como tenemos la experiencia de ser oposición, también tenemos la de ser Gobierno, proceso respecto del cual tenemos mucho que aprender, recopilar, sistematizar y transferir a las nuevas generaciones, como las Buenas Prácticas de Gobierno, es decir, de nuestros logros y fracasos, en todos los ámbitos de la acción pública.
A debatir y discutir con altura de miras con capacidad autocrítica y a trabajar como siempre, no más temprano, porque siempre madrugamos, por eso vamos a recuperar una democracia más real, participativa y ciudadana.
Sólo estamos ante el final de un ciclo.., esta es un reflexión para compartir y recibir vuestros comentarios e impresiones, por tú atención, gracias...
Juan Carlos Hernández C.
sociólogo municipalista
Compañeras y compañeros.
La decencia en política: los atributos de FREI





























