El mundo de Coloma se cae a pedazos

Por Antonio Leal

Lo primero, es que Coloma olvida que ha sido mayoritariamente la sociedad chilena la que ha puesto en duda las ideas de la UDI y que fruto de ello su candidata presidencial obtuvo sólo un 37% de los votos en la última elección presidencial.

Pero vamos al tema de fondo. Es cardinal que nadie se confunda.Cuando Coloma habla de la libertad, piensa en algo completamente distinto a lo que entiende la mayoría de los chilenos. Él se refiere a la libertad económica, a la total libertad del mercado para regir todos los aspectos de la sociedad incluso los bienes públicos. Defiende, tras el noble concepto de libertad, solo el modelo neoliberal impuesto en Chile por la dictadura, con un Estado subsidiario, una educación segregada, una salud para ricos y pobres, consideradas ambas como mercancías que se transan en el mercado como cualquier otro bien.

En la libertad de la cual nos habla Coloma no entra cambiar el sistema electoral binominal por uno proporcional y abrir con ello un espacio de competencia real, que responda a la soberanía popular y de mayor legitimidad ciudadana al parlamento.

Coloma y la UDI son hoy los únicos que defienden la “República binominal”, han sido los principales beneficiados con el subsidio electoral, no admiten las cuotas de género y étnicas y, por tanto cierran las puertas a un Parlamento integrador y representativo.

La libertad que invoca Coloma no se refiere a una gramática de derechos que entregan a las personas mayores espacios de decisión, que es la médula de un concepto de libertad característico del siglo XXI, como tampoco a mayores espacios de participación política de la ciudadanía.Solo el mercado, para Coloma, es sinónimo de libertad y los espacios públicos son los que este genera.

Efectivamente, el Programa que Michelle Bachelet lleva adelante es un modelo distinto al de la UDI. Sus reformas claves, buscan que el Estado juegue un rol regulador de la economía, que proteja a los chilenos de los abusos, que establezca derechos laborales presentes en todas las economías desarrolladas, que elimine subsidios que se transforman en utilidades para unos pocos, que corrija las enormes desigualdades y la brecha de distribución del ingreso entre un puñado de ricos, dueños de las grandes empresas, y la mayoría de los chilenos, incluidas las capas medias, que perciben una parte muy minoritaria de la riqueza que el país produce.

Son dos ideas de país distintas y los chilenos, que anhelan cambios estructurales, apoyaron con una amplia mayoría la idea que encabeza Bachelet desde la Presidencia de la República y rechazaron el inmovilismo de la derecha defensora en lo económico, en lo político y en lo social del status quo, de la democracia protegida, de la economía sin Estado, de las instituciones sin política, sin debate, sin ciudadanía, que es lo que enarbola Coloma en su entrevista.

Las ideas de Coloma, son también las de Fernando Martínez, dueño de nueve colegios “ Boston College”, construidos con las utilidades obtenidas de los dineros que los padres pagan por el estudio de sus hijos y con los subsidios entregados por el Estado.Martínez señala en una reciente entrevista en La Tercera textualmente “¿Cuál es el problema de que existan colegios para pobres, clase media y ricos?” y anuncia que no renunciará al lucro y transformará sus colegios en privados porque para él y su grupo más que de un proyecto educativo se trata de un negocio.

Son ópticas distintas. El ideologismo del Senador UDI Juan Antonio Coloma y del sostenedor Fernando Martínez permite mantener una educación segregada, una sociedad dividida por ingresos, una selección de los mejores que arrincona al resto y el lucro fruto del copago y de los enormes subsidios entregados por decenios por parte del Estado.

Con la reforma de Bachelet ello se termina, el Estado asume la responsabilidad de que la educación se transforme en un derecho para todos, donde conviva la diversidad de religiones, rendimientos, culturas, orígenes sociales.Solo así se puede aspirar a un país más integrado e igualitario.

Pero el ideologismo de Coloma y la UDI es viejo, pre moderno, y no se hace cargo de los cambios de la sociedad del siglo XXI. Para Coloma y la UDI la sociedad compleja, que tan bien describe Edgar Morin, la sociedad líquida, de Bauman, la revolución tecnológica de las comunicaciones que modifica en cada tiempo la subjetividad de las sociedades como es descrita desde McLuhan a Castells, los asertos de teóricos liberales como Rawls, Darendorf, Dahl y muchos otros, los derechos de la diversidad sexual y de los pueblos originarios, son temas anchos y ajenos para quienes viven en una subcultura del integrismo y, cada día, estas posturas se transforma no solo en minoritarias sino también en anacrónicas con el mundo en que vivimos.

Lo que Coloma no percibe, es que se acabaron los tiempos en los cuales la UDI podía imponer sus visiones culturales, políticas y económicas al conjunto de la sociedad.

Con o sin la UDI habrá reforma tributaria, se reformará profundamente la educación, terminará el sistema electoral binominal, habrá una nueva Constitución que represente y una a los chilenos en su legitimidad, se repondrá el aborto terapéutico, habrá AVP y seguramente matrimonio igualitario, habrá una nueva legislación laboral y normas más restrictivas para proteger el medio ambiente, se distribuirán tierras a los pueblos originarios y ellos tendrán representación propia en el Parlamento.

Esto, porque detrás de cada reforma hay un diálogo político y social en curso del cual solo se resta, en su ostracismo, la UDI y porque cada reforma tiene una ciudadanía activa que no permitirá que un partido del pasado impida los cambios que la propia sociedad ha instalado como prioritarios.

Todo proyecto de ley, y por cierto los que presenta el gobierno de la Presidenta Bachelet al Parlamento, es perfectible en el debate parlamentario. El mantener lo que se ha llamado el “corazón” de las reformas estructurales, supone corregir aspectos no claros o no prioritarios y la forma como se han comunicado, dado que se ha creado inquietud y hasta temor en sectores de la población que, en cambio, serán beneficiados justamente con ellas. El diálogo para construir una amplia mayoría en torno a las reformas que son sustanciales para el desarrollo del país, requiere de una gran disposición e inteligencia política.

La UDI debe tomar una decisión, o participa de un diálogo tendiente a hacer avanzar los cambios o se enclaustra en el ideologismo y busca paralizarlos.

En ese caso el “partido candado” terminará aislado, defendiendo solo y testimonialmente un pasado que los chilenos quieren dejar atrás. Las declaraciones de Coloma indican que los “coroneles” no están dispuestos a que se toque nada de aquello que se heredó de la dictadura y del modelo político y económico que esta dejó amarrado.

Pero este es otro tiempo, es otro ciclo, es otra subjetividad social, donde ya no hay espacio para que una forma de neo autoritarismo imponga a todos, incluso a sus propios aliados, sus designios.

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