Opinión: El imperialismo yanqui y el riesgo a nuestra democracia

El plan Cóndor de siglo XXI podrá tener diferentes matices al de los años 70 y 80 de nuestra historia, pero ostenta las mismas intenciones: que el gobierno de los Estados Unidos domine política y económicamente América Latina. Este proceso se ha reformulado en función de los cambios contextuales que viven nuestros países. Hoy en día esta conquista no se realiza a través de golpes de estados vehiculizados por las fuerzas armadas nacionales y tomados a la fuerza, si no que, más bien, en algunos casos tienen una carilla o chapa de “democráticos”.

Las oligarquías ya no son o no se reconocen a sí mismas como “oligarquías”, más bien, se auto reconocen como democráticos, en algunos casos como seudo progresistas. Más allá de lo anterior, siguen siendo o siguen funcionando como oligarquías que intentan sostener e incrementar la concentración, la dominación y la segregación de la economía en función de sus intereses.

Estas oligarquías han mantenido por años vínculos con grupos dominantes en los Estados Unidos, hoy representados en cierta manera por Donald Trump. Estos grupos han generado constantes saqueos dentro de cada unas de las naciones: los bloqueos económicos internos y la traumatización de los mercados nacionales, los neopopulismos de derecha, los golpes de estados con matices institucionales y discursos democráticos, entre otras formas, han logrado nuevamente instalar y llevar a cabo el Plan Cóndor del siglo XXI.

Desde la caída de Dilma Rousseff en Brasil hasta la autoproclamación de Guaidó en Venezuela, y entre medio otros hitos, nos han dejado en claro la profunda crisis sociopolítica que vive nuestro continente y que pone en riesgo la estabilidad y quizás la permanencia de la democracia. Estos procesos son comandados por los que hoy ostentan el poder en USA. Las intervenciones de estamentos internacionales, el bloqueo económico en los mercados globales, las incitaciones bélicas, el recrudecimiento de la desigualdad por la concentración económica, la represión policial, las multimillonarias campañas comunicacionales para desprestigiar a líderes oponentes de este sistema imperialista, la dominación de los medios de comunicación masiva (inclusive las redes sociales), entre otras cosas, ponen en riesgo latente nuestras democracias.

El potencial económico de nuestra región nos pone en constante interés hacia las grandes potencias. Estas grandes economías tienen distintas formas de vincularse con nuestras economías nacionales: vinculándose comercialmente y permitiendo el crecimiento de las economías Latinas a través de un proceso horizontal de negociación de exportaciones permitiendo inclusive la diversificación de la matriz productiva (como en cierta manera lo realizan las potencias asiáticos como China), o de una manera diferente, dominando la economía nacional a través del grupo oligárquico de cada país encerrando el proceso productivo en una mono producción limitando la diversificación y manteniendo una lógica de centro- periferia en el proceso de comercialización (caso evidente de los EE.UU.), donde además este imperialismo de nuestro siglo pretende continuar con la dominación política a través de procesos seudoinstitucionales o electorales.

Podemos considerar lo anterior como uno de los factores que ha puesto en crisis la izquierda y la socialdemocracia, sin embargo, nuestras corrientes políticas ideológicas también han cometido graves errores que han permitido rejuvenecer los intereses del imperialismo yanqui.

Ahora bien, la tarea desde nuestro domicilio político es restablecer nuestros vínculos con la sociedad, con las comunidades, condenar y erradicar la corrupción (que nos ha hecho tanto daño), incrementar nuestra capacidad de unidad y fuerza política conjunta y mancomunada, resguardar la prolijidad en los aspectos programáticos y políticos, permitir que los liderazgos tengan un carácter colectivo y no individualizador como también que tenga una gran habilidad para que transiten nuevas generaciones, entre otras actitudes y acciones que tenemos obligatoriamente considerar en búsqueda de una sola visión: la defensa a nuestra democracia y lograr su perpetuidad que hoy en día el imperialismo yanqui vuelve a poner en peligro.

Por Pablo Silva C.

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